Sin duda uno de los sueños en la vida de una persona es tener una vivienda propia. Normalmente, esto implica enfrentar este esfuerzo de manera propia, ya que no es algo que vaya a llegar gratis.
En este contexto, una reciente publicación de Forbes Chile ha señalado que el adquirir una vivienda en el país implica ingresos un 40% más altos que hace cinco años, planteándose como razón principal el incremento de la UF. Pero los sueldos tampoco han ayudado mucho, ya que no han tenido ese crecimiento, lo que agudiza la situación. De igual modo, por el lado de la oferta del bien, las viviendas han incrementado su valor, influido por el mayor costo que han enfrentado las empresas constructoras.

Así, en la compra con recursos de terceros algunas variables críticas son: a) sueldo líquido mensual para enfrentar la operación; b) tasa de interés relacionada; c) plazo de pago del crédito; d) tipo de financiamiento a utilizar; y e) gastos de operación. Al respecto, el valor de la vivienda debe ser cubierto por el pie o aporte inicial (25% aprox.) (pudiendo incluir algún subsidio estatal) más el crédito obtenido (75% aprox.). Así, en un bien de 3.000 UF, el pie sería de 750 UF, en tanto, el crédito de 2.250 UF.
Ahora bien, los ingresos líquidos mensuales son esenciales, ya que el 25% de ellos suele fijar el tope del dividendo a pago, lo que limita el crédito a pedir. Por ende, si se produce una merma en las remuneraciones, generará una menor capacidad a financiar, obligando a tener un mayor pie, o bien, contemplar un plazo de financiamiento más extenso que permita aumentar los recursos a obtener.
Por tanto, no deberían obviarse los méritos del ahorro prematuro para acometer la compra futura con un menor crédito, pero ahorrar no es tarea fácil, pues se percibe, aunque los números parecen decir algo contrario, que el costo de la vida está más alto. Basta un paseo por el supermercado.
Por ello, algunos consejos: planifique y organice con tiempo su compra, mientras antes mejor; cotice en diversas entidades; defina el valor de vivienda a adquirir, pero con sentido de realidad; en lugar de enfocarse en una vivienda nueva podría considerar una usada; la existencia de obligaciones financieras disminuye la holgura para el crédito; familiarícese con los subsidios estatales vigentes, ya que alguno podría resultarle atractivo; al pensar en complementar rentas con otra persona, se deben conocer sus riesgos; y dependiendo si se trata de vivienda nueva o usada el porcentaje a financiar puede variar.
Debemos reconocer que se plantea un gran desafío, por ejemplo, para el Estado, los entes de financiamiento y otros actores. En el primero es preciso, entre otros, familiarizar a las personas con los diversos instrumentos y subsidios disponibles para acceder a la vivienda. En el segundo debería evaluarse la instalación de nuevos productos o la modificación de los habituales, asumiendo un compromiso más allá del Estado. Y respecto a los otros, por ejemplo, las entidades educativas podrían incorporar mecanismos formativos que fomenten en las personas competencias en estas áreas.
Por último, la educación financiera juega un rol relevante, asentando el conocimiento y las habilidades para enfrentar una ruta variada de información y posibilidades, y en las que normalmente no se recibe una preparación mínima para este importante hito. En tal sentido, la educación temprana debe ser un facilitador para el análisis, la planificación y la toma de decisiones.
Mauricio Burgos Navarrete
Director carrera Ingeniería en Control de Gestión
Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma de Chile, Sede Temuco