Docente de la carrera de Psicología de la U. Mayor señala las claves para detectar a tiempo la depresión adolescente

    Little boy sad sitting alone at school hides his face

    Cambios de humor, cansancio o tendencia a la introversión, son todos hechos posibles y comunes en la adolescencia. Sin embargo, los mismos síntomas pueden llegar a ser más profundos y configurar un cuadro depresivo adolescente.

    “La adolescencia es una etapa importante en la búsqueda y consolidación de la identidad personal. En este contexto se experimentan muchos cambios físicos en primera instancia y, al mismo tiempo, una serie de cambios psicológicos y sociales. Esto es parte de lo esperable en el ciclo evolutivo, por lo tanto es un momento donde los padres debemos estar preparados para ser parte de dichos cambios”, advierte Natalia Belmar, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Mayor sede Temuco.

    Dichos procesos pueden “complejizar el estilo habitual de crianza”, agrega, pero que se debe prestar particular atención cuando dentro de la conducta se observe una baja anímica importante y sostenida.  “La depresión constituye una afectación anímica importante en la salud mental lo que no es normativo de la etapa, lo que implica, por lo tanto, cambios que son más notorios pero que al mismo tiempo dificultan el adecuado desarrollo del o la adolescente. Cuando se ha instalado un tiempo importante, unas dos semanas como mínimo, un cambio significativo del humor, de los patrones de sueño, alimentación, de la capacidad habitual de respuesta frente al contexto académico y social,  podemos estar probablemente frente a una posibilidad de una depresión como cuadro clínico”.

    Ante esto es importante conocer la historia familiar o antecedentes de depresión en la familia o cómo está conviviendo el o la joven con su entorno, si sufre situaciones de acoso escolar, cibernético u otro tipo de maltrato.

    Cómo actuar

    La interrogante es qué hacer como padres o familiares ante un posible caso, y más aún, cómo llevar adelante la situación durante el período de pandemia. La psicóloga afirma que “en primer lugar se debe prestar atención a la importancia de esta situación evitando guiar la conducta con la creencia de ´que el tiempo hará que se recupere´”.

    Según indica Belmar “los trastornos depresivos en la adolescencia deben ser tomados de manera seria debido a las complicaciones potenciales que conllevan y porque constituyen un riesgo de salud, que implica dificultades de adaptación psicosocial prolongada con alto riesgo de suicidalidad. Frente a la preocupación por los cambios presentados y la posibilidad de que pueda estar cursando un trastorno depresivo, es importante expresar de manera explícita la preocupación-apoyo incondicional, hacer saber y sentir que como cuidadores están atentos y empatizan con lo que le está ocurriendo,  en el discurso y en la acción”.

    Compromiso

    La segunda clave es “buscar ayuda especializada para poder evaluar con claridad lo que está ocurriendo y, por tanto, seguir los pasos indicados para su abordaje, lo que en muchos casos implica que los propios padres estén dispuestos a trabajar en las dificultades que pueden existir a nivel familiar y que, muchas veces, son un motor importante en la producción de los síntomas. Es muy importante que el adolescente perciba la presencia afectiva de su entorno, eso marca diferencias importantes en la evolución del cuadro a futuro”.

    Sobre cómo afrontar un cuadro depresivo adolescente en este complejo año de pandemia “hay que reforzar el hecho de que es una situación transitoria, que ha afectado la vida y el quehacer social de todos”. En el caso de quienes ya padecían un trastorno anímico, hay que estar particularmente atentos: “efectivamente la situación de confinamiento y sobre todo la existencia de otras situaciones de estrés más que el encierro en sí mismo, pudiesen generar la agudización de los síntomas”. Por lo mismo, el llamado es mantener un compromiso firme de la familia de acompañar el proceso y no dejar de lado la atención profesional.