OPINIÓN: Prevención del suicidio: romper estigmas y salvar vidas

     Dr. Eduardo Sandoval Obando

    Investigador Instituto Iberoamericano Desarrollo Sostenible

    Universidad Autónoma de Chile

     

    En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, es fundamental afrontar la cruda realidad de que el suicidio se ha convertido en una problemática creciente y compleja de salud pública. El suicidio sigue rodeado de estigmas, mitos y tabúes, lo que impide que muchas personas busquen la ayuda que necesitan. Sin embargo, al promover la toma de conciencia sobre la magnitud de este problema, disipar ideas erróneas y fomentar la empatía y la esperanza, podremos allanar el camino hacia una prevención eficaz del suicidio.

    Uno de los problemas más apremiantes en la prevención del suicidio es la multitud de barreras que enfrentan las personas cuando buscan atención de salud mental. Estas barreras pueden ser desalentadoras e incluyen limitaciones financieras, falta de acceso a profesionales calificados y el miedo al juicio social. Además, el impacto acumulativo de factores como las desigualdades socio-sanitarias, educativas, culturales o económicas, los conflictos y los desastres, además de los intentos de suicidio previos aumentan la vulnerabilidad al comportamiento suicida. Para abordar estos desafíos, debemos abogar por un mejor acceso a los servicios de salud mental, fortaleciendo la atención primaria, junto con luchar contra la discriminación que a menudo acompaña a los problemas de salud mental.

    Para marcar la diferencia, debemos comenzar por reconocer que los trastornos de salud mental son una problemática creciente en Chile. De hecho, afectan a dos de cada 10 personas en Chile y cerca de 1.800 personas mueren al año por suicidio. No son sucesos aislados o raros, sino más bien la expresión de múltiples factores de riesgo que deterioran la calidad de vida y salud de un individuo. Al desestigmatizar la salud mental, fomentamos conversaciones abiertas y creamos una sociedad más compasiva donde las personas se sienten seguras al hablar de sus problemas y crisis vividas. La empatía, la resiliencia y el apoyo social, son la base de una prevención eficaz del suicidio. Cuando alguien pide ayuda, es vital que respondamos con compasión y sin juzgar. Escuchar activamente, mostrar comprensión y ofrecer apoyo puede marcar la diferencia.

    En este Día Mundial para la Prevención del Suicidio, reflexionemos sobre la importancia de la salud mental en el desarrollo humano. Así como cuidamos nuestro bienestar físico, debemos nutrir nuestra salud mental y emocional. Lo anterior, implica reconocer que los problemas de salud mental no son un signo de debilidad, sino parte de la condición humana. Debemos alentar a las personas a buscar ayuda cuando la necesiten y brindar recursos a quienes necesiten apoyo.

    Al romper el silencio que rodea al suicidio, podremos promover una cultura de empatía, comprensión y esperanza. Trabajemos juntos para garantizar que nadie se sienta solo frente a una crisis, y que buscar ayuda sea una señal de fortaleza. Al hacerlo, podremos avanzar en la prevención del suicidio y apoyar el bienestar de todos los individuos de nuestra sociedad. Acoger, contener y prevenir es tarea de todos/as.